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 Ilustración 1
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Con la misma potencia de salida en cada longitud de onda, el sistema
visual ve la región amarilla-verde como la más intensa y las regiones roja
y azul como las más amortiguadas. Por este motivo entre fuentes de luz de
igual eficiencia, una con más intensidad en el área amarilla-verde tendrá
mayor eficacia visual, es decir, mayor número de lúmenes por vatio. No
obstante, sin una proporción razonable de rojo o azul, una fuente de luz
no podrá reproducir los colores satisfactoriamente.
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El modo en que vemos el color depende de las longitudes de onda
emitidas por la fuente de luz, las longitudes de onda reflejadas por el
objeto, el entorno en el que vemos el objeto y las características del
sistema visual. Nuestra concepción del color de un objeto es un proceso
muy dinámico, en cambio constante. Depende de los colores que rodean al
objeto, del tiempo en que nuestra visión está expuesta a la escena, de lo
que hemos mirado antes, de lo que esperamos ver y quizá de lo que
desearíamos ver. A esto hay que añadirle el hecho de que aproximadamente
el 8% de la población masculina y el 0,4% de la femenina tiene algún tipo
de deficiencia de percepción del color.
Intentar describir con exactitud lo que vemos es muy difícil, puesto
que dependemos del lenguaje para describir lo que realmente está en
nuestro cerebro. Es complicado visualizar el efecto del color en el
espacio, y después especificar el objeto y las fuentes de luz necesarios
para obtenerlo.
Colores primarios
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 Ilustración
2
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La luz y los pigmentos se mezclan de forma distinta para crear colores.
Puesto que el sistema visual humano tiene tres sensores de color, es
posible tomar tres colores adecuados y generar los demás mezclando estos
tres entre sí. Por convención, los colores primarios de luz son rojo,
verde y azul. Puesto que generan luz blanca al hacer una mezcla de los
tres, la mezcla de color de la luz se denomina "aditiva".
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Dos colores primarios de luz pueden combinarse para formar un color secundario, como
magenta (rojo y azul), azul verdoso (verde y azul) y amarillo (rojo y
verde). Cuando se mezcla un color secundario en proporción adecuada con su
primario opuesto, la luz resultante será blanca. Por lo tanto, se
considera todo color primario complementario al color secundario producido
al mezclar los otros dos primarios. El amarillo y el azul son colores de
luz complementarios, como lo son el azul verdoso y el rojo, y el magenta y
el verde (Ilust.2).
En el caso de pigmentos, sin embargo, un color primario se define como
el que sustrae o absorbe un color primario de luz mientras transmite o
refleja los otros dos. Por ejemplo, el pigmento que absorbe luz roja y
refleja luz azul y verde se llama azul verdoso. Así, los colores de
pigmentos primarios (en ocasiones denominados primarios sustractivos) son
el azul verdoso, el magenta y el amarillo (los colores secundarios de la
luz).
El aspecto cromático de un objeto o una superficie depende en gran
medida de la luz utilizada para iluminarlo. A menudo, la luz diurna se
considera el estándar, pero es obvio que el color de la luz diurna cambia
con la posición del sol en el cielo, la cantidad de nubes y la dirección
del cielo en que se mire, norte o sur. Para especificar el color de una
lámpara, debe decidirse en primer lugar el nivel de "calidez" o "frialdad"
de luz deseado. Se trata de una decisión totalomente subjetiva. La
temperatura de color de la lámpara en Kelvin especifica el grado de
frialdad o calidez de la fuente de luz. Otra clasificación de color de las
lámparas es su índice de rendimiento cromático (IRC). Las lámparas con un
IRC alto suelen tener un aspecto "natural" independientemente de la
temperatura de color. Estos dos conceptos se explican con detalle más
adelante.